Por José G. Martínez Fernández.
En el colmo de la frescura hay un numeroso grupo de personas que se unieron para postular a hacerse de la concesión de cien hectáreas en el norte de Arica, allá en la zona llamada Pampa Concordia.
El sector a simple vista no tiene gran valor. Es una zona desértica. Sin agua.
Pero esto resulta intrascendente para los confabulados.
La concesión es a cinco años, en su primera etapa.
El grupo de los cien presentó proyectos a la Seremi de Bienes Nacionales de esta Región.
Cada uno de ellos deberá pagar al año $ 56.000 (Cincuenta y seis mil pesos), lo que da un pago de unos $ 4.700 (Cuatro mil setecientos pesos) mensuales.
Lo que deben hacer ellos es "mejoras" para mantener un terreno de una héctarea cada uno. Deberán cercar sus parcelas y hacer una choza. Y otras minucias.
Para ello cuentan con cinco años.
Con el paso de los años, y hecho esto, podrán conseguir los títulos y ser PROPIETARIOS.
Y para lograr esta concesión debieron ser agricultores.
Estos agricultores JAMÁS han cultivado nada. Al menos la mayoría.
¿Qué pretenden entonces?
Simplemente a través de esa farsa hacerse en unos años de una hectárea, de la que si ellos no disfrutan lo harán sus hijos o nietos.
La validez del terreno es que está a nueve kilómetros al norte de Arica.
De aquí a diez años Arica llegará allá y estos frescos venderán sus parcelas a las constructoras.
Esta bendita opción la obtienen gracias a la irresponsabilidad de la Seremi de Bienes Nacionales que no piensa que ya Arica tiene pocas tierras disponibles y esas debieran ser guardadas para el futuro, para construir poblaciones.
No pueden ver, a precio de huevo, tierras que en una década se necesitarán para los pobladores.
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